Benditos y malditos sean los asientos. Si bien es cierto que te proporcionan reposo y tranquilidad después de una larga caminata o simplemente son la alegría del vago redomado pueden traer horrores con ellos.
Ejemplo: estás en el metro tan tranquilo, con tu música, tu libro y tal y cual. Llegas a una estación y te fijas en quien entra, porque si, porque eres así de curioso. Tú estás en esos asientos para tres personas vació el del medio. La persona que entra mira el asiento libre y se queda de pie en una pared después de pensárselo un par de segundos. Pero vamos a ver...¿Qué demonios pasa aquí? ¡Señora, ni muerdo, ni voy a hablarle de mis viajes ni nada! ¡Es un maldito asiento por el amor de los dioses siéntese y vaya a gusto hasta su destino!
Otro ejemplo: lo mismo que antes pero hasta el momento en que la señora se queda mirando el hueco. Va la señora y se sienta. Maldita sea mi suerte...en qué momento me ha tenido que tocar la señora que huele a pachuli que tira para atrás, que ocupa por dos por los abrigos de bisón que lleva y encima se pone a decirte que su nieto es igual que tú. ¡Maldiciooooooooooooooooooooon!
No hay derecho
No hay comentarios:
Publicar un comentario